Pedagogía y Formación Avanzadas
Entendemos la investigación educativa como una actividad sistemática dirigida hacia el descubrimiento del desarrollo de un cuerpo de conocimientos organizado a través de un método de análisis científico. El método científico en la resolución de problemas supone la identificación del problema, la formulación de una hipótesis, la observación, el análisis y la conclusión.
Según su objetivo, podemos clasificar los principales tipos de investigación pedagógica en:
En cuanto a la metodología, la mayoría de las investigaciones educativas están inmersas en las metodologías cualitativas:
Consideramos que todas las decisiones sobre educación se han de basar en rigurosas investigaciones, ya que éstas proporcionan evidencias empíricas y conclusiones que sirven para resolver un problema, o al menos para resolver la incertidumbre respecto de una decisión, y ayudan a mejorar la calidad de la toma de decisiones en materia de educación y de las políticas educativas.
La innovación pedagógica va orientada a mejorar la educación de manera que se convierta en un proceso de integración cultural y personal del individuo y de apertura de oportunidades sociales y culturales a una pluralidad de sujetos, al margen de sus lugares de proveniencia y/o pertenencia. Se puede plantear desde una perspectiva amplia como un proceso social que implica a toda la sociedad o desde una perspectiva más reducida que implica ámbitos más concretos. Así, los planes de innovación pedagógica pueden ir orientados a mejorar el sistema educativo, redes educativas, instituciones y centros educativos y/o la práctica docente.
Nuestra perspectiva huye del paradigma técnico en el que el especialista prescribe buenas prácticas y el educador lo lleva a cabo; y adoptamos un paradigma más contextual y crítico que parte de la consideración de cada uno de los contextos particulares (alumnado, recursos, cultura de la institución, PEC, intereses y desarrollo profesional de los docentes…) en los que se quiere desarrollar la innovación, y especialmente la consideración del profesorado (con sus creencias, experiencias, conocimientos, habilidades…) como mediador e investigador en el aula que reflexiona sobre sus prácticas, abre nuevas perspectivas para lograr una innovación educativa en la que participen y se impliquen todos los integrantes de cada centro o institución.
La formación es un proceso dinámico y complejo que si pretende ser riguroso deberá dividirse en fases y etapas susceptibles de ser abordadas sistemáticamente. Los planes de formación requieren una planificación que establezca a quién se dirige, en qué consiste, cómo, cuándo y dónde se ejecuta y cómo se evalúa.
A modo esquemático, podríamos clasificar las etapas de la planificación en las siguientes:
1. Diagnóstico de la institución.
2. Identificación de las necesidades de formación:
3. Elaboración del Plan de Formación:
5. Ejecución.
6. Evaluación.
La evaluación debe permitir valorar la incidencia de la acción formativa en cada uno de los individuos y debe permitir determinar el grado en que se han conseguido las intenciones del proyecto.
La evaluación inicial, entendida como instrumento de ajuste y recurso didáctico que se integra en el proceso mismo de enseñanza / aprendizaje, es una práctica altamente recomendable para elaborar los contenidos a diferentes niveles de profundidad y por la función motivadora en los participantes.
La evaluación formativa, es decir, la evaluación del proceso formativo durante su implementación, es una práctica que todos los formadores llevan a cabo casi siempre de forma intuitiva y que también conviene planificar para valorar la coherencia entre lo planificado y lo real.
La evaluación sumativa consiste en medir los resultados de dicho aprendizaje para cerciorarse de que alcanzan el nivel exigido y pronunciarse sobre el grado de éxito o fracaso del proceso formativo en el cumplimiento de las intenciones originales.
Con el objetivo de mejorar la calidad del servicio educativo, valorar situaciones concretas podemos ofrecerle asesoramiento en los siguientes ámbitos:
Consideramos las actividades complementarias como oportunidades de reflexión e implementación de nuestra concepción pedagógica. Así, a partir de las características de la institución, de las necesidades de los participantes y de las condiciones espacio- temporales se propondrán actividades programadas y sistematizadas.